martes, enero 03, 2006

Cómo empecé a fumar

Estábamos todas las tardes sentados en la calle, al lado de la Academia. Recuerdo que cuando Ángel trajo el primero nos burlamos de él porque no sabía fumar y porque fumar, lo sabía todo el mundo, era de estúpidos. Para el día siguiente ya nos habíamos agenciado un pitillo cada uno . Teníamos 10 u 11 años.

Hasta que nos pillaron por primera vez fumábamos en el callejón de Nieto. Recuerdo haberle dicho una vez a los demás que no había que aspirarlo, sino tragarlo. Me parecía heroico soportar semejante abrasión en mis pulmones: nadie era capaz de eso, seguro. Esa tarde la pasamos eructando y con dolor de barriga, tuve que reconocer que me lo había inventado. De todas formas Juanjo babeaba los cigarros a conciencia, así que él no era el más indicado para dar lecciones de fumar.

Tuvimos que cambiar de sede, y el Hogar del Jubilado fue una buena elección. Ninguno teníamos a nuestros abuelos por esos lares y es sabido que los viejos no se escandalizan por esas cosas. Ellos aprendieron a fumar a la vez que estrenaban dientes. Pero nos angustiaba ver entre ellos a Gaspar, un chaval enorme de unos 20 años. En un pueblo se conoce todo el mundo. Luego nos enteramos de que no había ningún peligro.

Me enteré de que Gaspar tenía 22 años y había ido a la clase de mi hermana mayor. He inventado el nombre pero del apellido me acuerdo perfectamente. Gaspar había sido el gordito retardado de la clase. Todos los días, a eso de las 6 de la tarde, lo veíamos pasar siguiendo a su padre hasta el Hogar del Jubilado. Nunca iban a la misma altura y casi nunca hablaban. Gaspar siempre caminaba detrás, imitando los gestos de su padre. Y digo imitando sus gestos porque a los 22 años nadie camina motu propio con las manos apretadas en la espalda. Esa postura se torna natural cuando te jubilas y el cuerpo se despide del brío y ocupa su nuevo lugar, resignado. Gaspar llevaba una gorra de golf, idéntica a la de su padre, y lucía un tupido bigote que intentaba impostar gallardía en la candidez de un rostro redondo, aniñado y coloradote con dudoso resultado.

Íbamos a fumar al lado de una verja del Hogar, ocultos tras los árboles. Al otro lado los jubilados jugaban a la petanca en un patio de arena. Nunca vimos a Gaspar o a su padre jugar. Se ponían al fondo de la pista, a la misma altura que los tiradores. Uno al lado del otro y quietos como estatuas. Alguna vez el padre se volvía hacia el hijo, éste agachaba la cabeza para oir mejor, y el padre le musitaba algunas palabras al oído. Gaspar asentía con su cara asustada. Entre calada y calada (con tos intercalada e inter-calada) intentaba imaginar aquellas conversaciones:

Pensaba que tal vez fueran arengas del tipo:

- "Hijo, tienes que hacer algo. No puedes pasarte el día en el Hogar del Jubilado viendo jugar a la petanca. ¿Sabes cuánto te queda por vivir? ¡Lo mejor de la vida! Igual que conocí a tu madre y fundé una familia tú podrás hacer lo mismo."

aunque estoy seguro de que eran más parecidas a:

- "Don Joaquín tiene el punto de mira desviado. Fíjate en que desde que le dio la parálisis facial todas se le van hacia la derecha."

Con el tiempo descubrí que tenía las llaves de un garaje que nunca se abría y en el que descansaba bajo un manto de polvo el viejo 600 de mi abuelo. Decidimos que era un lugar más seguro para fumar. Encontramos entre los trastos viejos una revista erótica que mi tío había usado alguna vez para pintar un desnudo.Apurábamos nuestros cigarros y hojeábamos la revista cada día, una y otra vez. Mientras leíamos las historias sobre "la doncella y el guerrero de cabeza púrpura" algo crecía en nuestras braguetas. Seguramente Gaspar seguía viendo jugar a la petanca o al dominó en el Hogar.

Luego llegó el instituto y la universidad. Una de las veces que volví al pueblo vi a Gaspar. Iba solo, hacia el Hogar del Jubilado. Pensé que su padre habría muerto. Llevaba la misma gorra pero iba fumando un puro.

4 comentarios:

John Self dijo...

Lo mío es mucho más triste. A mí me enseñaron a fumar mis amigos en Tamarite de Litera.

Augie March dijo...

Jajajajajaja, mucho menos idílico

Anónimo dijo...

Ahora me voy a poner centroreformista, yo a los fumadores los mandaba a Siberia. Y además los mandaba esta semana, que rozan los -60º
letroncio.blog.com

Frida Dení dijo...

lo mio fue muy raro...tenia una amiga gitana q fumaba desde los 7, cuanto yo tenia 6 le decia q eras una tonta haciendo eso pero en mi fiesta de 7 años m regalo una cajetilla y no pude con la curiosidad y empeze a fumar a los 7 cuando el cigarro era mas grande q yo...y ahora no lo puedo dejar