miércoles, abril 02, 2008

Crédito barato

[...] Algunos economistas reaccionarios sugirieron que permitiésemos que el proceso de liquidación continuase hasta que tocáramos fondo [...]

[...] Llegamos a la conclusión de que no podíamos aplicar el consejo de los liquidacionistas a ultranza y comtemplar cómo el cuerpo entero de deudores norteamericanos llegaba a la quiebra y se destruían los ahorros de nuestro pueblo [...]

Herbert Hoover, presidente de los E.E.U.U. de 1929 a 1933. Discurso en Des Moines, 4 de Octubre de 1932.


Corría el año 1932 y el presidente Hoover describía de esta manera lo que para él había sido uno de sus grandes logros. Se jactaba - ya paladeando el sabor de la derrota - de haber hecho frente a la gran crisis del 29. Luego Roosevelt continuó con el Nuevo Fraude y al pueblo le dio igual porque tenía sed de buenas noticias, que no tardaron en llegar. El "no me importa porque llevo torta", vamos.

No se sabe si era el cinismo o la majadería lo que impulsaba a Hoover a hablar de ese modo. Puede que simple electoralismo. Porque en 1930 Hoover había dado luz verde a una nueva ley de aranceles, la ley Smoot-Hawley, que generó una reacción en cadena de consecuencias devastadoras. Aunque tendamos a imaginar un comercio mundial aislado y fragmentado por aquellos días, lo cierto es que las fichas de dominó comenzaron a caer en Europa, y la situación empeoró provocando una reacción proteccionista en cadena en países como España, Francia, Italia, Suiza o Gran Bretaña.

Hoover había comenzado a destruir el legado de sus antecesores antes de la gran depresión - mucho antes de llegar a la presidencia - , cuando ocupaba el cargo de secretario de Comercio. Este legado no era otra cosa que una cierta inhibición. Nada de dejación ni indolencia, sino delegación en el mercado. La fascinación sobre la política en la lejana Europa había calado en no pocos intelectuales e incluso políticos de la administración americana. Y siempre con la afección de lo genuino que embriaga todo lo estadounidense, el intervencionismo de moda en Europa fue aprehendido por Hoover en la forma de corporativismo activista. Una especie de absolutismo - silencioso - en manos de un grupo selecto de políticos, empresarios y sindicatos.

Este corporativismo era una demostración evidente de que el keynesianismo se había impuesto y que, pese a lo que estaba por llegar, prevalecería sobre la escuela austriaca hasta la crisis inflacionista de los 70. Paul Johnson cuenta que en julio de 1927 Montagu Norman y Benjamin Strong participaron en una reunión secreta de banqueros. En dicha reunión decidieron - pese a los argumentos contrarios de franceses y alemanes - provocar otro acceso de inflación y bajar los tipos de interés otro medio punto. Strong lo expresó así de gráficamente:

- Daré un pequeño coup de whisky al mercado de valores.

Y esa decisión desencadenó una nueva ola de especulación que a la postre sería definitiva. He dejado para el final - sí, sigo siendo esclavo de la narrativa - que Norman era el máximo dirigente del Banco de Inglaterra (por entonces no existía el BCE) y Strong estaba al frente de la Reserva Federal de Nueva York (Fed). Escalofriante, ¿eh?

La escuela austriaca ya había distinguido años atrás entre crédito de transferencia y crédito creado. Seguiremos hablando de la expansión crediticia.

1 comentario:

John Self dijo...

Buen post. Didáctico.